
por Nigel Glendinning, Jesusa Vega, Diego Velázquez, Javier Portús · Diputación Provincial de Zaragoza. Servicio de cultura · tapa blanda · ISBN 9788489721609

IVA incluido
¡Última unidad!4 personas lo tienen en su carrito
Métodos de pago disponibles
Más de 2 millones de productos vendidos
Y más de 800.000 títulos en stock
Garantía de calidad Hamelyn · revisado y verificado, o te devolvemos el dinero
«Estudiar a los maestros Velázquez y Goya» es el ensayo de Nigel Glendinning, Javier Portús y Jesusa Vega (Diputación Provincial de Zaragoza, tapa blanda).
Dirigido por Jesusa Vega y con textos de Nigel Glendinning y Javier Portús, este volumen analiza la obra de Diego Velázquez y Francisco de Goya, figuras centrales de la pintura española. A través de estudios críticos, examina sus técnicas, estilos y evolución, así como su influencia en generaciones posteriores y su lugar en la historia del arte.
Primera edición publicada en 2000. Volumen de 157 páginas, en español, con referencias bibliográficas.
Obra orientada a interesados en historia del arte y en la evolución de la pintura española.

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, conocido como Diego Velázquez, fue un pintor barroco español considerado uno de los máximos exponentes de la pintura española y maestro de la pintura universal. Pasó sus primeros años en Sevilla, donde desarrolló un estilo naturalista de iluminación tenebrista, por influencia de Caravaggio y sus seguidores. A los 24 años se trasladó a Madrid, donde fue nombrado pintor del rey Felipe IV y cuatro años después fue ascendido a pintor de cámara, el cargo más importante entre los pintores de la corte. A esta labor dedicó el resto de su vida. Su trabajo consistía en pintar retratos del rey y de su familia, así como otros cuadros destinados a decorar las mansiones reales. Su presencia en la corte le permitió estudiar la colección real de pintura que, junto con las enseñanzas de su primer viaje a Italia, donde conoció tanto la pintura antigua como la que se hacía en su tiempo, fueron influencias determinantes para evolucionar a un estilo de gran luminosidad, con pinceladas rápidas y sueltas. En su madurez, a partir de 1631, pintó de esta forma grandes obras como La rendición de Breda. En su última década su estilo se hizo más esquemático y abocetado, alcanzando un dominio extraordinario de la luz. Este período se inauguró con el Retrato del papa Inocencio X, pintado en su segundo viaje a Italia, y a él pertenecen sus dos últimas obras maestras: Las meninas, un retrato colectivo de la familia real, y Las hilanderas, un cuadro mitológico que representa el castigo a la tejedora Aracne por parte de la diosa Minerva.